dimanche 17 juillet 2011

Movilización estudiantil: Los violentistas están en La Moneda - Por Celso Calfullán


Este jueves 14 de julio nuevamente hemos visto una multitudinaria marcha de estudiantes por la Alameda, más de 100 mil estudiantes secundarios y universitarios, junto a trabajadores y pobladores y además sumándose un numero creciente de sindicatos que están apoyando la lucha de los jóvenes por una educación pública y gratuita para todos.

Después de dos meses de movilizaciones el gobierno esperaba y apostaba a que el movimiento se desgastara lo suficiente como para que no tuviera la enorme convocatoria que vimos nuevamente este jueves, pero lamentablemente para ellos se volvieron a equivocar completamente.

La campaña del terror del gobierno, no surtió efecto:

La campaña del terror que levantaron los días previos el Intendente, el Ministro del Interior (subrogante) y el alcalde de Santiago Pablo Zalaquett, no surtió un gran efecto entre los estudiantes y tampoco entre los padres que se hicieron el tiempo para marchar junto sus hijos, lo mismo ocurrió con los trabajadores sindicalizados o no, que también estuvieron apoyando a los jóvenes.

Por otro lado, tampoco surtió efecto la maniobra del Intendente de Santiago, Fernando Echeverría de cambiar a última hora el trazado de la marcha e intentando confundir a los que querían asistir este jueves, además de amenazar con represión en el caso de intentar hacerlo desde el trazado original que era desde Plaza Italia, hasta Los Héroes.

Finalmente se marcho por la Alameda y sin permiso.

A pesar de las amenazas del gobierno, desde temprano miles de jóvenes y familias completas se empezaron a movilizar desde diferentes puntos de Santiago hacia Plaza Italia, la enorme marea humana que se estaba trasladando hasta el punto de inicio de la movilización, esto fue lo que impidió la represión que tenia planificada el gobierno, quedo claro que no es lo mismo reprimir a 5 mil personas, que a 100 mil manifestantes, finalmente las fuerzas represivas le comunicaron a las autoridades de gobierno que era físicamente imposible para ellos llevar a cabo la represión que les exigía el Intendente y el Ministro del Interior (subrogante), Rodrigo Ubilla.

Los violentistas están en el Gobierno.

Como todos los planes criminales que tenían las autoridades de gobierno les fracasaron, pasaron a lo mismo de siempre, acusar de violentistas a los estudiantes y a los dirigentes sociales que aparecen convocando a estas manifestaciones, táctica que a pesar de estar bastante manoseada no deja de cumplir un cierto efecto en los sectores más conservadores de la población, que tienen que ver repetidas cientos de imágenes de encapuchados tirando piedras o rompiendo alguna señaletica urbana, los que ven estas imágenes por la televisión por supuesto quedan espantados con la violencia y piensan que esto es lo único que ocurre durante una marcha, algo que no puede estar mas alejado de la realidad, porque la amplia mayoría de los que participan en las marchas lo hacen enarbolando pancartas o carteles con sus demandas, como por ejemplo, exigiendo educación pública y gratuita y fin a la educación de mercado.

Los medios, el gobierno y la violenta manipulación de los hechos.

Las demandas de los que participan en las marchas son ocultadas por la mayoría de los medios de comunicación, especialmente por los canales de televisión, ellos hacen una manipulación descarada de lo que realmente ocurre en una marcha, todo esto tiene como fin desprestigiar al movimiento social en general y en este caso desviar la atención de las demandas que están defendiendo los estudiantes y por las cuales se están movilizando. Existe una clara alianza entre el gobierno y los empresarios dueños de los medios de comunicación para tergiversar los hechos, a ellos no les interesa la verdad, ellos no quieren que se sepa que los estudiantes se están movilizando para terminar con el lucro en la educación y que su objetivo central es lograr una educación pública y gratuita para todos los estudiantes, que por fin se cumpla eso de que la educación es un derecho y no un privilegio.

Celso Calfullán

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