“Las salmoneras actúan como gigantescos tubos extractivos
que se llevan todo, incluyendo los sueños del isleño. Miren las carreteras
destruidas y los campos abandonados y sus acopios de chatarra industrial en
treinta años de intervención. Miren las calles llenas de mendicidad, alcoholismo
y droga, los municipios sin recursos para sostener la salud y la educación. No
existen universidades bien instaladas, ni hospitales de buena calidad, y la
educación de calidad básica y media es un servicio limitado y escaso. Los
sueldos de los trabajadores del salmón no son buenos y las condiciones laborales
distan mucho de la dignidad”.
Por Isabel Díaz Medina, Publicado en Revista
Punto Final, Edición 758 – del 25 de mayo de 2012
Al igual que en la región de Aysén, las comunidades costeras del archipiélago
de Chiloé denuncian abandono por parte del Estado chileno. Ello se expresa en
aislamiento, alto costo de la vida, falta de cobertura en salud y educación
pública de calidad. A esto se une una aguda sobreexplotación de los recursos
naturales, y la existencia de empleos precarios -marcados por los salarios de
“hambre” de la industria exportadora de salmones que fue impuesta hace tres
décadas como dominante en la economía de Chiloé-.
El monocultivo industrial intensivo de salmónidos, -peces carnívoros
introducidos desde el hemisferio norte-, se destina en 98% a la exportación. Se
inició en 1979 al alero de las políticas neoliberales impuesta por la dictadura
militar. Con él se ha provocado profundos cambios en la estructura social y
económica de Chiloé.
DE CAMPESINO A OBREROS DE SALARIO
MÍNIMO
El tardío proceso de industrialización en el archipiélago de Chiloé está
marcado por la proletarización de su población, la disminución de la autonomía
económica local, el debilitamiento de su seguridad alimentaria y un gran impacto
sobre su identidad cultural. En menos de tres décadas, una sociedad de pequeños
campesinos dedicados a la agricultora de subsistencia, a la pesca, ganadería o
actividad artesanal, fue transformada en obreros asalariados.
El músico y profesor de filosofía de Chiloé Marco Uribe Andrade asegura que
“durante las décadas del 70 y 80 sólo estimularon la desarticulación del
campesinado y del modo de producción tradicional de la isla. Asfixiaron a los
campesinos hasta destruirles económicamente, empujándoles a alimentar con mano
de obra barata la industria que se instalaba como un nuevo referente, que debía
acaparar, finalmente, el centro estratégico de la economía, concentrada en unos
pocos propietarios”.
Agrega que “durante la última crisis salmonera se presentó la coyuntura para
impulsar nuevas áreas de actividad económica, volviendo a revitalizar el
campesinado, pero ello implicaba fortalecer un escenario de participación social
que, con toda seguridad conduce a un mayor desarrollo del isleño, pero un
obstáculo para el proyecto de mayor magnitud en resultados
económicos-comerciales, de esos pocos poderes transnacionales que se lo llevan
todo”.
AYSÉN Y EL DESPERTAR DEL CHILOTE
La solidaridad de las comunidades del archipiélago hacia los patagones y sus
demandas, marcó el inicio de un despertar chilote por sus reivindicaciones
laborales, sociales, económicas y culturales.
Renato Cárdenas Álvarez, historiador y antropólogo de Chiloé, afirma que
“Castro, Ancud y Quellón son comunas con mucha población obrera, con muchos
desempleados, con muchas carencias. Por eso, el año pasado respondieron con
fuerza, en las calles apoyando los movimientos estudiantiles, la lucha contra
Hidroaysén y antes, a los pescadores artesanales. Las regiones del sur han sido
abandonadas por los gobiernos centrales, pero cuando han encontrado en sus
territorios y maritorios recursos para explotar aparecen sus encomenderos y se
apropian de estos espacios para usurpar las riquezas. Nadie sabe cuándo temblará
Chiloé, pero como en los terremotos hay mucha energía acumulada”.
Desde Castro, Marco Uribe asegura que “nuestro aislamiento geográfico no
resulta tan extremo, pero la condición del maltrato insistente, permanente y
persistente por parte de la administración central, evidencia una postergación
que es irritante y denota cada día esa suerte de territorio ocupado, de colonia,
de patio trasero. El habitante de la isla no se siente plenamente integrado al
Estado de Chile. Tampoco digo que sea un anhelo del chilote, pero se avanza en
la conciencia que cualquier reacción debe ser en contra del Estado, que desde
principios del siglo XIX ocupó militarmente el archipiélago y le anexó a su
administración”.
Edgardo Molina Sanzana, Presidente del Colegio de Profesores, Comunal
Quellón, señala que “tenemos los mismos sufrimientos de la Región de Aysén. A
las autoridades no les interesa potenciar la educación pública; por el
contrario, promueven el cierre de las escuelas que no son productivos, sin
importar la identidad y la pertenencia de los alumnos, su realidad y
costumbres”.
El dirigente destaca que “en el contexto de la movilización nacional por la
educación pública y gratuita, 25 colegios de Chiloé fueron tomados con apoyo de
la ciudadanía. Luego se creo un lazo afectivo con las agrupaciones que apoyaron
la protesta social en Aysén, lo que permitió crear una Asamblea Ciudadana en
Quellón, que reivindica los derechos a educación, salud y un trabajo digno. Allí
convergen los distintos sectores sociales, profesores, pescadores artesanales,
trabajadores de la salud y de las empresas salmoneras, juntas de vecinos y
organizaciones sociales. Hoy estamos unidos trabajando por una sociedad más
justa, en contra de un modelo económico que nos oprime y nos esclaviza”.
Según Pedro Barría, presidente de la Federación de Funcionarios de la Salud
Municipalizada de Quellón, “Chiloé es uno de los mayores productores y
exportadores de salmones a nivel mundial, con lo que se benefician los grandes
grupos económicos y las transnacionales, mientras sus habitantes subsiste en
condiciones precarias. Los productos de primera necesidad en Chiloé son más
caros porque la naviera Cruz del Sur tiene el monopolio de las barcazas en el
puente de Chacao”. En medio del creciente malestar, “las asambleas ciudadanas
cada vez se hacen más fuertes en Chiloé, lo que es histórico, reivindicando
justicia y dignidad”.
Pedro Barría advierte que “hoy las autoridades promueven la construcción del
puente sobre el Canal de Chacao, pero sabemos que si un chilote tiene una
fractura de cráneo aunque haya puente, muere en el camino. Por eso el principal
anhelo de nuestra comunidad es la instalación de un hospital de alta complejidad
en Chiloé. Además, el gremio tiene como demanda aumentar la inversión en la
salud pública e impedir la privatización, además de mejoras en las condiciones
laborales e incentivo al retiro de los empleados”.
TEMPOREROS DEL SALMÓN
A cinco años del brote del virus de la Anemia Infecciosa del Salmón (conocido
como Virus ISA por sus siglas en inglés), que provocó la mayor crisis económica
y social en la historia de la Región de Los Lagos, el archipiélago de Chiloé no
logra salir adelante. Entre el 2007 y el 2010 un ochenta por ciento de los 1.200
centros de cultivo de salmón del Atlántico cerró, dejando pérdidas por dos mil
millones de dólares y veinte mil trabajadores cesantes.
La dirigenta social de Quellón Ana Vera Arancibia recuerda que “durante la
crisis, una de las cosas que más llamó la atención fue la aparición en las
calles de mujeres que comenzaron a dedicarse a la venta de hortalizas, que son
cultivadas principalmente en las comunidades huilliches en invernaderos. También
las obreras cesantes de la industria debieron convertirse en comerciantes
ambulantes de un sinfín de productos. Fueron mujeres quienes levantaron las
ollas comunes, para la alimentación de las familias. Las huelgas de hambre
coparon el centro de Quellón durante el 2011 tras liderar la mayor alza del
índice de pobreza a nivel nacional con un 25,5%”.
Gran parte de la población desempleada había llegado a Chiloé de otras
provincias y, generalmente, no tenían un arraigo campesino, por lo que comenzó
un éxodo masivo de obreros hacia sus lugares de origen u otras zonas
productivas.
Los últimos dos años han estado marcados por una recuperación de la industria
salmonera, que cuenta con gran apoyo estatal. (1)
El presidente de la Federación de trabajadores de la industria del salmón en
Quellón Gustavo Cortés asevera que “este repunte productivo-exportador no se ha
traducido en mejoras laborales. Los trabajadores aceptan condiciones y sueldos
miserables para llevar el sustento a sus hogares, luego de la prolongada
cesantía en Chiloé. Las empresas realizan contratos por obra o faena, a plazo
fijo, con lo que el movimiento sindical fue debilitado. Hoy no tenemos
sindicatos fuertes para negociar colectivamente”.
Agrega que “seguimos siendo mano de obra barata para una industria
transnacional, que está lejos de dar cumplimiento a estándares internacionales
de trabajo decente. Los obreros de Chiloé se han transformado en temporeros
permanentes y los salarios no dan cuenta de las necesidades reales de los
trabajadores de esta zona”.
CHILOÉ: “LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE
ORO”
Renato Cárdenas afirma que “Chiloé es un escenario productivo de primer
orden. Es una “gallina de los huevos de oro” que se le empobrece antes de
sacarle provecho. Se le ha explotado de manera burda, operando una economía
esencialmente extractiva que ha dañado el medioambiente y ha resentido
profundamente las raíces de la sociedad chilota”.
“En Chiloé las salmoneras provocaron un desajuste muy fuerte entre el
poblador de estos archipiélagos y su territorio. El escenario fue invadido por
la industria y provocó lo que se llama una desculturización muy similar al daño
que las bananeras causaron en Centroamérica, especialmente la United Fruit. Es
decir, se interviene toda una sociedad y sus culturas con una nueva forma de
trabajo que es exitosa en un comienzo, pero un buen día la compañía levanta
campamento y se va. Deja un hoyo y ni siquiera se saca la basura”.
Para Marco Uribe, “Chiloé está siendo ocupado y devastado, social, cultural,
económica y ambientalmente y sus habitantes puestos al servicio de las
necesidades de una industria que no les pertenece, que no les impulsa como
pueblo, que no les considera como objeto de su desarrollo ni de sus beneficios”.
“Las salmoneras actúan como gigantescos tubos extractivos que se llevan todo,
incluyendo los sueños del isleño. Miren las carreteras destruidas y los campos
abandonados y sus acopios de chatarra industrial en treinta años de
intervención. Miren las calles llenas de mendicidad, alcoholismo y droga, los
municipios sin recursos para sostener la salud y la educación. No existen
universidades bien instaladas, ni hospitales de buena calidad, y la educación de
calidad básica y media es un servicio limitado y escaso. Los sueldos de los
trabajadores del salmón no son buenos y las condiciones laborales distan mucho
de la dignidad”, denuncia Uribe.
EL DESASTRE AMBIENTAL
El aumento del tráfico carretero y marítimo, la sobreexplotación de sus
recursos acuáticos, la contaminación química y biológica de lagos, ríos y de las
zonas costero marinas, mediante la eliminación masiva de residuos industriales,
han forzado el desplazamiento de las comunidades indígenas mapuche-huilliche y
de los pescadores de pequeña escala.
Según Renato Cárdenas, “la industria salmonera ha ahorrado hasta un tercio de
su capital porque no han invertido en la limpieza de los fondos marinos dañados
fuertemente por fecas de salmón y alimento que diariamente crean toneladas de
sedimentos bajo las jaulas. Aun así, haciendo vista gorda a las regulaciones,
Chiloé es un territorio que ya no es propicio para estos cultivos, que hoy en un
70% se están haciendo en las aguas aiseninas y el resto en estos archipiélagos.
Es decir, Chiloé es la mesa de procesamiento de esta industria porque sigue
ofreciendo una mano de obra muy barata y disputada, por la cesantía galopante”.
“Todas las playas del archipiélago están sucias. Se perdió la mirada prístina
hacia el mar con tanta intervención de jaulas, flotadores y bodegas flotantes.
Los fondos marinos y las columnas de agua están seriamente dañadas, por los
cultivos y el tráfico permanente de embarcaciones. La pesca artesanal queda a la
deriva por la ausencia de peces en estas aguas interiores del archipiélago”.