lundi 28 octobre 2013

Antropólogos de la UBA: “La leyenda de que los Mapuche exterminaron a los Tehuelche es falsa”

Se explayan, dan ejemplos, se complementan, derriban estereotipos.Hablan de la Patagonia, de sus experiencias en la zona norte de la región. Ambos son antropólogos, forman parte del Instituto de Ciencias Antropológicas, de la Facultad de Filosofía y Letras (UBA), y sus estudios están centrados, principalmente, en las condiciones de vida de un pueblo: el Mapuche.

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Alejandro Balazote y Sebastián Valverde solo se diferencian al estudiar ciertas especificidades de esa comunidad originaria, que es una de las numerosas del país.

Alejandro presentará en dos semanas un nuevo libro, que tal vez sea su decimosexto. Ya perdió la cuenta. Su primera investigación fue a fines de la década de los ochenta, y tuvo lugar en la reserva indígena Pilquiniyeu del Limay, en Río Negro, que iba a ser afectada por la instalación de la represa de Piedra del Águila. En la Patagonia, ha estudiado la afectación de determinados desarrollos económicos. Primero, analizó la incidencia de la actividad hidrocarburífera, y, en los últimos años, la turística.

Sebastián abre sus manos al desmenuzar ciertos conceptos. 

Su estudio se centra en las organizaciones etnopolíticas, movimientos sociales urbanos surgidos en las últimas décadas, que agrupan al pueblo Mapuche. Desde hace cinco años, dirige proyectos de investigación, y en unos días publicará un libro –del que también participan otros especialistas- referido a las comunidades Mapuche -Huenchupán, Maliqueo y Tacul-Chewque- asentadas en el Parque Nacional Nahuel Huapi.

P: -Hay investigadores que señalan que la lengua mapuche está en franca decadencia. ¿Coinciden?

Sebastián Valverde (SB):-No se puede hablar de una pérdida o una ganancia, porque la cultura no es una cosa o un líquido con el que se pueda llenar un vaso. Es, en cambio, un proceso muy complejo que implica la redefinición y revalorización de muchas pautas que están presentes en las poblaciones, y que se van marcando en función del contexto. Hay una serie de aspectos culturales que se han ido perdiendo con el tiempo, sobre todo a partir del racismo, del etnocidio, de la persecución. Pero en las últimas tres décadas, cada vez con más intensidad, hay una revalorización, que se da desde otro lugar. Nunca la cultura es fija, estática. Tampoco se recuperan de pronto ciertos aspectos culturales, sino que es la identidad la que se reactualiza como representación de una cultura. Eso implica retomar aspectos culturales presentes en un pueblo, pero vistos desde la actualidad lo cual implica un profundo cambio. Siempre hay un proceso de modificación. Ahora se da un reconocimiento por la diversidad cultural. Hay una valorización desde el mismo Estado y por parte de organismos internacionales.

Las nuevas generaciones indígenas desempeñan un rol clave. La lengua entre los mapuches (mapuzugun) es muy poco hablada debido a los procesos históricos de etnocidio. En la década de 1950 y 1960, los padres hablaban la lengua Mapuche, pero no la transmitían en ese momento a sus hijos –que hoy tienen 60 o 70 años- por miedo a que puedan ser perseguidos. En esa generación, el mapuzugun está muy dejado de lado y se perdió. Pero, hay una búsqueda de retomar esos conocimientos.

Alejandro Balazote (AB): -Recuerdo testimonios de familias que daban cuenta que en otros tiempos se los castigaba, si hablaban mapuzugun. Era, por lo tanto, una cuestión estratégica no hablarlo, no enseñarlo. Tenía que ver con la supervivencia. Se relacionaba con la conformación y la consolidación de las características del Estado nación argentino, que concebía solo un idioma, un mercado, una religión. Era una forma de homogeneizar violentamente. Quebrar un código simbólico, como sin duda es la lengua, implica hacerlo también con una parte de los mecanismos de resistencia de los pueblos originarios. Hay mucha pérdida de saberes, de lenguas, de idiomas. Lo interesante es ver desde dónde se construye el reclamo. A veces en la misma escuela donde antes se castigaba, si se hablaba mapuzugun, ahora se propicia que haya maestros bilingües o una nueva forma de enseñar ese idioma, en algunas provincias. Eso pinta un nuevo panorama.

P: -¿Y qué ocurre en las ceremonias?

A.B: -Si se cree que la cultura de los mapuches, es el loncomeo, es como si se pensara que la cultura occidental, urbana tiene que ver con el pericón. Yo no sé bailar el pericón. El loncomeo es una cuestión de determinado momento. La cultura mapuche pasa por ver qué se baila en las fiestas de las comunidades, y lo cierto es que se escucha chámame, cumbia, canciones mexicanas. La cultura es una cuestión viva y vivida. Lo interesante es ver qué se está reproduciendo, y cuáles son los sentidos y significados que tienen los nuevos formatos culturales.

P: -¿Qué otros nuevos formatos culturales encuentran? Estimo, por lo que escuché hasta el momento, que destacan la organización social.

A.B: -Claro. La acción política, de identidad y de memoria también. Es importante ver cómo se organizan y revalorizan ciertos criterios y formatos culturales en pos de conseguir determinas acciones reivindicativas concretas. La lucha y la participación son criterios centrales para las nuevas formas de expresión cultural. Eso me parece que está vivo. Hay que pensar que la problemática no es específicamente mapuche, sino que tiene que ver con el conjunto de pueblos originarios, con sectores sociales subalternizados donde es más lo que une que lo que separa.

S.V: -Las experiencias del pasado ahora son vistas desde otro lugar. 

Por ejemplo, en una de las comunidades, cerca de Bariloche, analicé los recuerdos que para sus integrantes implicó el desalojo, a principios de los años cincuenta, de un sector de Parques Nacionales. Se tuvieron que mudar a la meseta. Se trató de una política orientada a generar un área virgen, y para eso se expulsaron a pobladores indígenas y criollos de bajos recursos. Fue una situación traumática para ellos. Algunas familias, con el tiempo, volvían al territorio anterior, mientras que otras no querían hacerlo por tristeza. A partir de 2007, ese lugar se volvió a recuperar y se está avanzando sobre el reconocimiento de sus derechos.

-Hay una resistencia de los pueblos originarios en la Patagonia ante el avance de la actividad minera, hidrocarburífera, y de estancieros, según quedó explícito, por ejemplo, en el Informe 2013 del Observatorio de Derechos Humanos de Pueblos Indígenas (ODHPI).

A.B: -Tiene que ver con cierta praxis social, económica y política en escenarios donde se desarrollan conflictos vinculados a la apropiación y gestión de los recursos. Son acontecimientos vinculados a tiempos pasados, desde que se les quitaron territorios a las poblaciones indígenas.

No pienso en términos de quebrar todo proyecto de desarrollo, sino que creo que tienen que existir iniciativas donde se consideren de manera primordial los intereses de las poblaciones que son afectadas. Una cosa es instalar una represa que pueda producir energía limpia y más barata para tornar competitiva la producción nacional, además de generar muchos puestos de empleo, y otra es desplazar a las poblaciones indígenas sin considerar las condiciones de vida que van a tener. Sus condiciones tienen que estar sustantivamente mejor porque ellos han sufrido un estrés, un desplazamiento, una afectación, un quiebre de relaciones. Eso debe ser tenido en cuenta de manera prioritaria. La legislación nacional plantea que para desarrollar cualquier tipo de emprendimientos es necesario hacer una consulta a las comunidades autóctonas, originarias. Debe cumplirse rigurosamente, y es por eso que el Estado debe ser muy capaz de procesar las diferencias.

-¿Esas consultas prácticamente no se realizan en el país?

S.V: -Es muy heterogéneo, hay una variedad enorme de situaciones. Hay lugares donde se consulta y gestionan los recursos, y otros sitios en los que no. Hay legislaciones que todavía están dirimidas, con prácticas del Poder judicial muy arcaicas, y por sobre todo hay una diferencia muy grande entre los niveles gubernamentales. En el sur del país, hay experiencias de que mientras organismos nacionales han contribuido al reconocimiento de las poblaciones Mapuche, los municipios no han actuado de la misma forma, lo cual se debe a los intereses inmobiliarios en conflicto. Es decir, se han negado a reconocer la preexistencia del pueblo Mapuche. La ley 26.160, de emergencia en materia de propiedad comunitaria indígena, es una muestra de las enormes dificultades que hay para su aplicación efectiva, además de las heterogeneidades que se ven por provincia, por región, por área, por municipio. Eso tiene que ver con los recursos naturales en juego, la situación de las poblaciones originarias, las alianzas que establece el Gobierno nacional con las jurisdicciones y la relación de los distintos grupos indígenas con los gobiernos provinciales.

A.B: -Además de esas cuestiones, es interesante analizar cuáles son las estrategias discursivas para conculcar derechos. En la Patagonia, si los pobladores Mapuche se ponen firmes y reclaman determinada participación o solicitan reconocimientos territoriales, es común ver que algunos gobiernos provinciales señalen que no son originarios del lugar, que son chilenos. Es decir, como no son originarios, son considerados chilenos, extranjeros. Es una práctica nefasta. Habla de una leyenda negra sobre poblaciones indígenas que alude a que los Mapuche exterminaron a los Tehuelche “argentinos”. Es falso, es para denunciar esa práctica que es común.

-¿Qué no se comprende y qué se deja de lado al hacer esa afirmación?

A.B: -Esa narrativa, discursividad de colocar a las poblaciones Mapuche como extranjeras es nefasta, falsa, porque no se comprenden los momentos de migraciones. En los siglos XVI, XVII y XVIII no existía ni Chile, ni Argentina; ni siquiera, en parte de ese tiempo, el Virreinato del Río de la Plata o la Capitanía General de Chile. No tiene ningún tipo de fundamento. Esa argumentación solo se sustenta en pos de tener intereses muy jugados que tienen como fin quitar derechos a otros en beneficio propio.

S.V: -Siempre un mecanismo que se utiliza para negar derechos es atribuir la frontera espacial o temporal. Eso último sería decir, por ejemplo, que están extintos, cuando no es así. De hecho, es una operación similar a la que se hace sobre los Tehuelche, y que en muchos casos no se toma debida nota. Al Mapuche se lo considera extranjero y al Tehuelche como extinto, lo cual no es así. No se habla de los Tehuelche actuales que hay. Vi una nota periodística que hablaba de que había 90 Tehuelche en Chubut, pero hay cerca de 10 mil Tehuelche en Argentina, según el último censo nacional. Seguramente, esos datos incluso deben estar subestimados por los mecanismos y estrategias de los pueblos originarios, por lo tanto incluso el número puede llegar a ser mayor. La misma estigmatización que se hace de los Mapuche al ponerlos como chilenos, se la está haciendo con los Tehuelche al mostrarlos como muy primitivos, como cazadores-recolectores, extintos en el pasado. Como los Mapuche  son más conflictivos, tienen más presencia, la mayor parte de la estigmatización se dirige hacia ellos. Mostrar a un pueblo como extinto, cuando hay descendientes actuales, es también una forma de negación e implica aplicar un discurso racista.

A.B: -La negación pasa, cuando aparece la relación conflictiva. En 2002, en San Martín de los Andes había un campeonato internacional de snowboard. Era concretamente en Chapelco. En ese momento, los indígenas cortaron la ruta al centro de esquí, por la contaminación de arroyos y otros cursos de agua por los afluentes provenientes de los baños ubicados dentro del complejo. Y los turistas no concebían que los Mapuche tuvieran celulares. Se habla de los pueblos originarios en pasado, como si no tuvieran identidad real. Tiene que ver con esa idea de que “en la Argentina no hay indios”, que “los argentinos vienen de los barcos”. Es un vacío temporal.

-Y la realidad es que forman parte del sistema…

S.V: -Están en el sistema, son los primeros que entraron. Desde que se instauró el capitalismo, empezaron a trabajar de forma asalariada. Mal pagos lógicamente…

A.B: -Producen mercancías que son vendidas en el mercado. Son fuerza de trabajo contratada. Es una ficción decir que no están, cuando la realidad es que están insertos. Están colocados en una situación simétrica, subordinada, explotada, pero están vinculados al sistema. Discuten recursos que tienen alta valorización. Son muy fuertes las presiones. Obviamente están expuestos. El mercado no es un espacio social neutro, sino que es violento. Y ellos sufren esa violencia.

-Esa idea acerca de que los Mapuche exterminaron a los Tehuelche, ¿ha sido sostenida por algunos estudios realizados por historiadores? ¿Qué ocurre hoy dentro del ámbito académico?
S.V: -En el ámbito académico ese pensamiento está cada vez corrido, dejado a un lado. Pero sí, cada tanto aparece algún que otro historiador, por ejemplo, de la
Academia

Nacional de Historia. Ese discurso está presente y vigente en la población de la Patagonia, y se debe a distintos mecanismos de promoción. Para la población indígena y no indígena, la nacionalidad era una categoría forzada. En la Cordillera de los Andes se daba una destacada interacción tanto de un lado como del otro. En las primeras décadas del siglo XX, la población ubicada en la zona cordillerana que bordea a Neuquén, Río Negro y Chubut era, en su mayoría, de origen chileno. Hay un mito que se establece después que da cuenta que muchos de los pobladores eran europeos. Hoy hay estudios históricos más avanzados y profundos que demuestran que era mínima la cantidad de europeos, y que en su mayoría eran chilenos.


Una idea que se impuso mucho aludía a que la Cordillera de los Andes era una especie de pared. En realidad, si se miran los mapas eso no es así, sino que hay valles transversales que circulan en sentido este-oeste, lo cual es más fácil que norte-sur. Las poblaciones estaban totalmente articuladas. Tras la conformación de la frontera, se creó otra frontera: la sociocultural, relacionada a lo nacional, y que implicó construir al indígena como un “otro”, un supuesto “extranjero”. Eso en la Patagonia está aún muy fuerte, porque es muy tardía la conformación de las fronteras.

A.B: -Había pueblos originarios que pasaban parte del año en lo que hoy es el territorio argentino y chileno, porque rotaban el pasto que era consumido por sus animales. Todavía hoy hay integrantes que viven en Argentina, y el Camaruco lo celebran en Chile.

http://mapuexpress.org

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